Eran las 13:00 horas del jueves 28 de agosto de 1975. Si bien en Tucumán, cuna de la independencia argentina , era invierno, la temperatura era de 20° y el viento soplaba a 5 kilómetros por hora. Como si la calma del día intentara disfrazar lo que estaba por suceder.
En los alrededores del Aeropuerto Internacional Teniente Benjamín Matienzo , con sus hangares gastados y el olor a combustible flotando en el aire, dos hombres disfrazados de obreros iban y venían, disimuladamente. Observaban todo con rigurosa discreción. Eran miembros del comando “Marcos Osatinsky”, de Montoneros .
Muy cerca de ellos, un grupo de 114 gendarmes se preparaba, sin saberlo, para sufrir uno de los golpes más calculados de la historia guerrillera argentina .
Más temprano, a las 09:00 de la mañana,