Una semana antes de morir, Barboza hizo un posteo en las redes sociales en el que contó que a fines de julio dio cinco recitales en diez días en Brasil y que, de regreso a París, se hizo un “chequeo de motor muy necesario a los 87 años”. En la misma comunicación y dejó una noticia retrasada hacía tiempo: “Creo que emprenderemos junto con Olguita nuestro retorno definitivo a la Argentina. Ojalá así sea”.

La muerte no le permitió al delicado chamamecero cumplir su anhelo de retorno final, para vivir sus últimos años en el país que lo vio nacer pero que, lamentablemente, no fue tan amable con su talento.

Zorzal de vuelo alto y libre, pulpo capaz de extender su acordeón todo lo que sus tentáculos se lo permitieran; si hay que comparar a Barboza -músico brillante, irrepetible- con un animal,

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