De hábitos nocturnos y solitarios, el pangolín es fácilmente reconocible por su armadura de escamas. Ante un peligro, se enrolla sobre si mismo hasta quedar convertido en una esfera impenetrable. Este mecanismo defensivo, sin embargo, lo convierte en presa fácil para los cazadores furtivos.

El futuro del pangolín es cada vez más incierto. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) advirtió esta semana que las ocho especies reconocidas se encuentran en alto riesgo de extinción, amenazadas por la pérdida de hábitat y, sobre todo, por el comercio ilegal que lo ha convertido en el animal más traficado del planeta.

Según un informe del organismo, entre 2016 y 2024 se incautaron productos equivalentes a más de medio millón de pangolines en al menos 75 países y a lo lar

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