En su programa de estilo de vida, Meghan recordó que ese período, marcado por el peso de las responsabilidades públicas y el duelo de la familia real, significó estar lejos de sus pequeños por casi tres semanas:
“El tiempo máximo que pasé sin estar con nuestros hijos fueron casi tres semanas. Estaba muy mal”, confesó.
De regreso en California, la duquesa destacó lo especial que fue reencontrarse con sus hijos y volver a las rutinas cotidianas:
“Me encanta prepararles desayunos especiales, ponerles pequeños detalles que los hacen sonreír”.
Para Meghan, esos gestos sencillos y la alegría de Archie y Lilibet representan el verdadero sentido de la felicidad y reafirman la importancia del vínculo familiar por encima de cualquier protocolo real .
Este testimonio deja en claro el contraste