Valeria López Peña
Madrid (EFEverde).- ¿Qué pasaría si el futuro de la humanidad dependiera de la decisión de colocar un molino eólico o encender un generador de carbón? En el universo de los videojuegos, los jugadores no solo entrenan la mente: también experimentan con energías renovables y ponen a prueba su propia moralidad en escenarios donde la supervivencia está en juego.
La curiosidad, la mejora de habilidades cognitivas y el placer de aprender son algunos de los beneficios psicológicos atribuidos a los videojuegos. Además, muchos mundos virtuales funcionan como laboratorios interactivos donde el cambio climático, la gestión de recursos y la búsqueda de soluciones colectivas marcan la narrativa.
“Los videojuegos se centran en el proceso, no en el conocimiento de conceptos. Cuando