Hay estadios que no son solo gradas ni techos; son recuerdos, rituales, piel de barrio. En el fútbol , el verdadero patrimonio vive en la memoria de sus hogares: la tribuna que tiembla, el rincón donde nació un canto, el césped que guardó alegrías y lágrimas. Por eso, cambiar de estadio es mucho más que una mudanza: es desafiar la nostalgia, reavivar la pasión y atreverse a escribir historia desde cero.
Cada vez que un club estrena casa, todo vuelve a empezar. Lo entendió el Everton cuando bajó por última vez las persianas de Goodison Park , después de 133 años de historia , para abrir un nuevo capítulo en el Hill Dickinson Stadium , levantado sobre los muelles de Bramley-Moore Dock.
Cuando la arquitectura cambia la historia
Durante más de un siglo, Goodison Park fue el co