Para que luego digan que los bares no son espejo de tolerancia. En Melilla, ciudad de mares y sangres cruzadas, un casta llamado Adam Mohand Sevilla, que se proclama mestizo con orgullo, se ha hecho cargo de Casa Martín, el tabernáculo más reputado de la zona. Y lo ha hecho sin borrar nada: ahí siguen las fotos de los antiguos propietarios junto a políticos y celebridades, e incluso la iconografía de vírgenes que preside las paredes como si fueran guardianas del lugar. La memoria no estorba, convive.

Fundada en 1955 por Martín Santos, Casa Martín se convirtió pronto en casa de comidas para toda la sociedad melillense. Durante cuatro décadas, sus hijos Paco y Manolo sostuvieron la barra y la cocina, hasta que el tiempo amenazó con cerrar el telón. Fue entonces cuando Adam, que había trab

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