El 14 de febrero de 1990, dos meses antes de que yo naciera, la sonda Voyager 1 tomó una foto de la Tierra a unos 6000 millones de kilómetros. Recuerdo las palabras que Carl Sagan escribió sobre ese punto azul pálido, oculto en la vastedad del espacio: “En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. […] Quizás no hay mejor demostración de la soberbia humana que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos más amablemente los unos a los otros y de preservar y apreciar el pálido punto azul, el único hogar que hemos conocido.”

Todo esto se nos olvida con frecuencia. Nos creemos únicos, sobre todo de niños. Antes de dedicarse a las matemáticas, m

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