Ruthie Davis sacó un zapato de un estante de creaciones con colores como caramelos, sus largas uñas lilas trazaron un tacón que casi llegaba a la medida de la palma de su mano. Era el tipo de tacón estratosférico que ha ayudado a Davis a hacerse un nombre como diseñadora de zapatos.
Esos tacones, con alta demanda en Estados Unidos, se acumulan ahora en su fábrica de Brasil, donde los envíos a Estados Unidos están en pausa debido a los altísimos aranceles del presidente Donald Trump.
Brasil parecía una apuesta segura para una pequeña empresa como la suya, menos cara que fabricar en Italia y más adecuada para un negocio de lujo a pequeña escala que las enormes fábricas de zapatillas de China. Pero la decisión de Trump del mes pasado de imponer un arancel del 50 por ciento a las exportacion