Después de que la cumbre de Alaska entre Donald Trump y Vladímir Putin impulsara un nuevo esfuerzo diplomático para solucionar la guerra en Ucrania, y de que los líderes europeos arroparan a Volodímir Zelenski en la Casa Blanca, Moscú lleva una semana defendiendo que las garantías de seguridad que Kyiv necesita no se podrán hacer sin el concurso ruso y, por supuesto, que tras la teórica paz no aceptará de ninguna manera tropas europeas en territorio ucraniano. Los daños causados ayer por varios misiles en la delegación de la Unión Europea y en la sede del British Council en la capital ucraniana durante el último ataque nocturno ruso sirven acaso de recordatorio de la firme posición del Kremlin.
Para Zelenski, Rusia “prefiere los misiles” a la diplomacia, aseguró ayer el presidente de Ucra