Los ríos Lerma y Santiago, que recorren más de mil 200 kilómetros a través de seis entidades —Estado de México, Querétaro, Michoacán, Guanajuato, Jalisco y Nayarit—, arrastran desde hace décadas una crisis ambiental y de salud pública.

Las aguas contaminadas han provocado enfermedades y muertes en comunidades como San Pedro Itzicán, en Jalisco, donde los habitantes viven con la certeza de que el agua que consumen está envenenada.

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“De principio nos dijeron que era el agua del lago y ya después que era porque esa agua está infectada, está infectada y pues ahí tomábamos”, relata Ángeles de Jesús Baltazar, vecina de la zona.

Uno de cada cinco niños ya tiene daño renal

De acuerdo con estudios r

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