Hace un tiempo circuló una carta conmovedora: el obituario de un viejo amigo al que todos conocíamos , pero que ya casi nadie recuerda: el Sentido Común .

Decía que Sentido Común había vivido con sencillez, practicando reglas básicas como que el sol sale cada mañana, que no se gasta más de lo que se tiene, que la responsabilidad es de todos y que no se puede cosechar donde no se ha sembrado.

Sentido común murió porque la gente dejó de escucharle, porque la norma absurda sustituyó a la lógica y la prudencia, la estadística interesada a la experiencia y la indiferencia social al compromiso . Por desgracia sobrevivieron sus parientes: conozco mis derechos, primero yo y lo quiero ya, yo no tengo la culpa, soy una víctima y págame por no hacer nada.

Lo cierto es que no venimos de ser

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