Al sonar las campanas del alba, Ribadavia (Orense) despierta convertida en una villa del siglo XVII . Sus estrechas calles de piedra, engalanadas con pendones y estandartes , huelen a cera de antorcha y a especias antiguas. Caballeros con armadura y juglares con panderos deambulan junto a vecinos ataviados con jubones y tocas; no en vano, prácticamente toda la ciudadanía participa disfrazada con ropajes de época, sumergiendo al visitante en una atmósfera medieval auténtica.

El antiguo barrio judío, declarado conjunto histórico , recobra su esplendor: banderolas hebreas decoran las fachadas y hasta las panaderías locales hornean dulces sefardíes con recetas centenarias, llenando el aire de aromas de almendra y miel.

Durante tres días, este pequeño pueblo de 5.000 habitantes multipl

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