Fue un estreno soñado. Los músicos vibraron con un público entregado, y las 2000 personas que pasaron por cada una de las ocho funciones salieron con la misma sensación: haber vivido un viaje único al universo de Pink Floyd . Quienes compraron su entrada para escuchar The Dark Side of the Moon o Wish You Were Here —dos discos icónicos que ya superaron el medio siglo de vida— encontraron mucho más que un simple show: se toparon con una experiencia inmersiva que sorprendió a todos.
Con una producción al mejor estilo Las Vegas, cada detalle fue pensado para justificar la apuesta. Apenas se cruza la entrada, una luna gigante invita a la foto obligada. Actores caracterizados como las tapas de distintos discos de la banda británica caminan entre la gente y provocan asombro. Lu