Desquiciado es un adjetivo y encaja en Gerardo Fernández Noroña que este martes tuvo su Waterloo. El presidente del Senado perdió ese día su centro de estabilidad emocional, su equilibrio y control cuando lo desnudaron en los medios como un hipócrita -otro adjetivo que le queda- al revelar que había comprado una casa en Tepoztlán en 12 millones de pesos. Quien usaba una retórica franciscana pero aspiraba a ser un Rockefeller pagó -sin contar intereses-, lo que a un trabajador le llevaría 120 años cubrir con todo su salario mínimo.
La difusión de la adquisición lo desestabilizó emocionalmente y, como se dice coloquialmente, perdió los estribos y fustigó con su lengua obscena a Azucena Uresti y a Ciro Gómez Leyva, que en sus programas de radio matinales criticaron la incongruencia de Fernán