Abril de 1911, Hacienda de Bustillos, Chihuahua.
La Hacienda de Bustillos, en Chihuahua, despierta con el canto incesante de los insectos del alba, un chirrido agudo que rompe el tenso silencio. El olor a café recién molido flota en el aire, pero nadie parece notarlo. En la mesa, Francisco I. Madero, un hombre de maneras suaves y mirada serena, sorbía de una copa de brandy. Era su único consuelo. A su alrededor, los generales se mueven como fieras enjauladas, impacientes. Doroteo Arango, conocido por todos como Pancho Villa, fue el primero en romper el pacto de silencio.
—¡Ya, Madero, ¡por Dios! —refunfuña Villa—. ¿Vamos o no a atacar Ciudad Juárez? Estamos a un palmo de lograr la mejor ubicación estratégica de la región; esto nos permite el libre comercio de armamento y víveres para nue