La Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) ha demostrado que un test funcional tan simple como levantarse de una silla cinco veces permite estimar de forma precisa la pérdida de potencia muscular en personas mayores. El estudio valida el uso clínico de esta prueba como herramienta para identificar riesgo de fragilidad y pérdida de autonomía y propone puntos de corte para clasificar a quienes presentan baja potencia muscular.

La investigación también ha comprobado que un programa de entrenamiento de solo dos meses, centrado en mejorar la potencia muscular, puede generar mejoras funcionales significativas que se mantienen hasta diez meses después. Estos beneficios se observan incluso en personas con enfermedades crónicas como el párkinson o la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPO

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