Imagina por un momento que estás escuchando una voz antigua, es tan vieja que viene de los tiempos anteriores a Sócrates. Más allá de saber que ese rumor nos pondría la piel de gallina, hay una sabiduría añeja y por demás actual en la forma en que personajes como Anaximandro, Heráclito, Parménides, Demócrito y algunos otros de sus contemporáneos se atrevieron a plantearse preguntas fundamentales sobre la naturaleza de la realidad, el cambio y el conocimiento.
La frase “desde la debilidad de mis sentidos, no puedo juzgar la verdad absoluta” se convierte en punto de partida para comprender cómo el empresario y el creador de ideas deben asumir la incertidumbre, la limitación humana y la apertura al asombro como motores de innovación.
Los filósofos presocráticos, desde los albores de la fant