Se pone el sol en Marbella y se encienden las luces del Starlite Festival. La luna, creciente, cuelga sobre un cielo oscuro mientras un viento fresco -inusual en el agosto andaluz pero muy agradecido- acaricia un auditorio enclavado en las montañas. Allí, entre el aroma de la buena comida, el destello del photocall y un DJ que calienta motores, los más afortunados se preparan para una cita muy especial: Camilo .

Con una cuenta atrás de dos minutos que acelera, el cantante colombiano aparece en el escenario. Como siempre, descalzo, sonriente y dispuesto a darlo todo por su “tribu”, esa comunidad de seguidores que lo acompaña fielmente. Basta con verlo salir para que el público se levante de sus asientos, dispuesto a bailar “Vida de rico”, “Tutu”, “Manos de tijera” y el resto de sus canc

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