Más allá de la derrota, para lo que no estábamos preparados era para asistir a una actuación tan deficiente en el juego y sobre todo en el espíritu
¿Y si nos vuelven a sorprender? Así titulaba hace 48 horas mi artículo previo al inicio del Eurobasket. Pues después de ver la puesta en marcha del equipo español hay que reconocer que lo hizo. Pero desgraciadamente no en el sentido que quería dar con mis optimistas palabras. La sorpresa no vino porque nuestros chicos tuvieran la capacidad de, a través de un buen trabajo colectivo, multiplicar virtudes y esconder las evidentes limitaciones que padecen. Tampoco por saltar a la pista confiados en sus posibilidades y dispuestos a todo, sabedores de que los partidos se disputan en la cancha, no en los medios o las redes sociales. O por ver cómo