El director y la estrella defienden la importancia de conversar y confrontarse con complejidad incluso sobre los asuntos más delicados, frente a insinuaciones de que el filme menosprecia la lucha feminista

Alma Anville está acostumbrada a los dilemas endiablados. Es su pan de cada día: enseña filosofía y ética. Ni por las noches para de cuestionar: su casa acoge veladas donde sigue debatiendo con su marido, amigos y alumnos. “No todo se supone que debe hacerte sentir cómoda”, argumenta en el filme. En teoría, nadie sabe moverse en las zonas grises como ella. La práctica, sin embargo, viene a darle una lección distinta. Lo último que vio, al despedir a sus invitados, fueron un profesor y una estudiante que se marchaban entre bromas. Pero, a la mañana siguiente, la joven denuncia otra reali

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