Orgullo y pasión. Puerta grande o enfermería. El amor propio alimentó a Juan Ayuso , apenas unas migas en Pal, un festín para los sentidos en el Port del Cantó, donde se desabrochó hasta reivindicarse en Cerler . El alicantino es un ciclista ciclotímico, lo mismo en la cumbre, glorioso, que en el sótano, deprimente.
Oscila Ayuso, un ciclista a dos tintas: blanco o negro. Sin escala de grises, sin tránsito, tal vez reo de su propio personaje. Disruptivo.
Se rompió la camisa el alicantino para creer en sí mismo después de su apagón la víspera. La oscuridad, la sombra y el frío, fue un calor, brillo y luz en su arrebato. La pulsión del superviviente.
Ayuso se agitó con rabia, la ira y el fuego en cada pedalada, para revertir el destino en una misión suicida que le lanzó a una victoria