Abel Pérez Rojas
A veces transitamos el día a día como autómatas, inmersos en un modo de actuar en el que todo está medido, calculado, resuelto, de tal manera que no es necesario detenerse a pensar el porqué y el para qué de lo que hacemos. Esta inercia, que nos empuja a una carrera desaforada cuyo desenlace es la muerte, nos desconecta del sentido profundo de la vida, del entorno envolvente y holístico que anima el todo, y de nosotros mismos.
Hacer un alto para reflexionar en estas cuestiones, que son profundas, parece una pérdida de tiempo frente a la lógica que todo lo mide en términos de costo-beneficio. ¿Cuánta ganancia monetaria deja pensar en el meollo de la existencia? ¿Ninguna? Entonces no es relevante y puede esperar: esa es la conclusión del razonamiento “lúcido” avalado socia