Festejo de triunfalismo desbordante en la tercera del abono de la feria de San Atilano de Tarazona que, bajo el epígrafe genérico de «desafío de ganaderías», oponía dos modelos de criar el toro de lidia : los de Santiago Domecq , cuyos tres animales lucieron escuetas anatomías coronadas con encornaduras digamos... humanizadas a simple golpe de vista y los tres que aportó Ricardo Gallardo a nombre de su inacabable factoría Fuente Ymbro con tres señores toros con lámina de plaza de segunda categoría, así calibrados, de pitón a rabo.

Porque tuvieron romana bastante y más y lo suyo por delante manteniendo luego el interés por sus embestidas, su simple movilidad o por quedarse debajo, en ese rango de intensidad. Rebañando los tobillos como, un poner, ese quinto al que Luque retó –¡alaba

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