Por Joseph Zárate
Mongabay Latam
Dentro de su jaula, acaban de soltar a un pollo vivo. El ave no corre, ni emite sonido alguno, pareciera sentarse con serenidad sobre la tierra a esperar. Prince sale de su escondite y se acerca lentamente : tiene el pelaje brillante, que va del amarillo al naranja rojizo, con patrones negros en forma de rosetas, mucho más grandes que las de su pariente, el leopardo. Con sus patas toquetea su presa unos segundos, como si jugara, el ave de pronto cacarea y agita las alas intentando escapar, pero es inútil: Prince le muerde la cabeza y se la lleva tranquilamente hasta lo alto de un tronco dentro de su jaula de diez metros cuadrados. Recostado con su almuerzo entre las patas, en medio de crujidos de huesos que se rompen, muy pronto el hocico se le llena de