En lo relativo al menos a la batalla del relato ante la opinión pública el poder judicial ha tomado clara ventaja frente al poder ejecutivo. La malograda legislatura que ya pasa de su ecuador, con claros síntomas de convertirse en la más larga y a la vez más improductiva de toda nuestra democracia, se está mostrando especialmente activa a la hora de hacer estallar los filamentos de tensión entre el poder ejecutivo -con una clara complicidad del legislativo dada la correlación de mayorías parlamentarias- y un poder judicial en otro tiempo contemplado desde la óptica de la opinión pública como especialmente lejano y ajeno a la sensibilidad social y a la calle, pero hoy convertido, por obra y gracia de los ataques desde el Gobierno y los partidos que lo apoyan, en una institución ejemplar par

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