El pasado noviembre, el derrumbe de una marquesina en la estación de ferrocarril de Novi Sad, la segunda ciudad más grande de Serbia, causó la muerte de 15 personas (otra persona falleció en marzo a causa de las heridas sufridas en el accidente). La reticencia del gobierno serbio a pedir cuentas a los responsables de la chapucera construcción -que muchos achacan a la corrupción generalizada y a la falta de transparencia- desencadenó masivas protestas lideradas por estudiantes que continúan hoy en día y que recientemente se han tornado violentas. Decenas de manifestantes han resultado heridos en enfrentamientos con la policía y los leales al Presidente serbio Aleksandar Vucic, mientras que otros cientos han sido detenidos.

A pesar de que en un principio se mantuvieron alejados de la polí

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