En Juárez hay nombres que se pronuncian con orgullo y con un dejo de ternura. Uno de ellos, quizás el más grande, es el de Juan Gabriel. Para los juarenses no es solo un cantante o un compositor reconocido mundialmente, es el hijo adoptivo que cantó con amor, que convirtió sus recuerdos en canciones y que siempre, sin importar dónde estuviera, volvió la mirada hacia esta frontera áspera y hermosa. El reciente festejo de “Juangabrielísimo” es prueba viva de que su presencia sigue latiendo entre calles, plazas, mercados y corazones. Cada año, la algarabía se siente desde la víspera. Familias enteras caminan rumbo a los sitios donde se le rinde homenaje, turistas y curiosos se mezclan con quienes lo vieron cantar en vida y hasta con quienes solo lo conocieron a través de las notas de “Amor et

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