Detrás de cada jugada decisiva, de cada sprint exitoso y de cada atleta que desafía sus propios límites, ocurre una revolución sigilosa pero profunda. El deporte de alto rendimiento ya no depende solamente del talento puro o la intuición del entrenador.

Estadios y gimnasios en todo el mundo se convierten en laboratorios donde la ciencia de datos , sostenida por la inteligencia artificial , reescribe las reglas de la competencia. La transformación no es hipotética ni remota: The Conversation relata cómo, en el vestuario del Metz de balonmano (o handball) femenino, campeonas de Francia en 2025, el día a día se ha redefinido por completo.

Sensores portátiles y sistemas sofisticados capturan cada movimiento, detectando variaciones mínimas que hasta hace poco nadie notab

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