En la meseta de acero y cristal que son las Cinco Torres, donde el asfalto huele más a cuenta de resultados que a verbena, ha nacido un tabernáculo que quiere ser faro y refugio: Barlovento. Cuadrada la barra, monumental y estratégica, como puente de mando desde donde se divisa la vida por los cuatro costados. Uno se acoda y de inmediato sabe que aquí habrá zambra aunque el vecindario venga con corbata. El oficio lo marcan los chaveas del barrio vertical: ejecutivos de paso rápido, estudiantes de medio mundo, familias con niño estructural o sin él, buscadores de fortuna y hasta algún perdido del foro que ha cambiado la caña del bar Manolo por este mirador de futuro. Todos acaban rendidos al conjuro de una copa bien servida, que eso aquí se cuida.
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