El 29 de agosto de 1999, la vida de la familia Trivisonno cambió para siempre. Ese día, tras un accidente de tránsito, falleció Antonella , una nena rosarina de seis años que en ese entonces era la tercera de cuatro hermanos. En medio del dolor más profundo, sus padres, Alejandro y Silvia , decidieron donar sus órganos. “ Ese domingo nos atravesó, pero nuestra reacción no fue por la muerte, sino por la vida; porque ella nos donó vida en vida ”, recuerda Alejandro, su padre.

Desde entonces, tanto él como su esposa, Silvia , mantienen vivo este acto de amor que resalta la solidaria y desinteresada decisión de donar órganos o tejidos, honrando la capacidad de dar a otros la posibilidad de vivir. Así fue que luego de varios años llegaron a una fecha cumbre, el 5 de noviembre de 2020

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