Juan David Toro apenas recuerda de manera vaga a su hermana, quien desapareció en 1989, cuando él solo tenía diez años. Sin embargo, cada que hacían frijoles, la mamá la traía a la memoria diciendo: “así era como le gustaban a Salomé”.
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Por eso cuando a él le propusieron estar en una especie de performance que buscaba hacer memoria sobre esos seres queridos a los que se llevó la noche y la niebla y que fuera a través de la comida preferida por ellos no dudó en que los frijoles verdes eran lo adecuado para evocar a Salomé Toro Duarte. Y eligió que los adobaría con cebollita y tomate, tal como ella se los pedía a la mamá.
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