Cuando pasa el pelotón hay que agarrarse las gorras, si se llevan puestas. Se levanta un viento que, aunque dista de ser huracanado, mueve las hojas de los árboles y sirve para que el espectador, apostado en las aceras, se percate de la tremenda velocidad a la que ruedan los ciclistas.
Por televisión es difícil darse cuenta, sólo se ve la diferencia si se ofrece un plano enlatado, por ejemplo, de un puerto por el que suben cicloturistas, unas horas antes de que lo hagan los profesionales. Entonces, sí, entonces se ve como ruedan velozmente unos y como lo hacen esos ciclistas aficionados que sólo se dedican a este deporte algunos fines de semana.
El recuerdo de 1987
El viento de la Vuelta ha cambiado los últimos años . En Benasque, por donde rueda la carrera antes de afrontar la su