El Vaticano, con sus majestuosos edificios y su historia de siglos, nunca deja de sorprender. Pero hay escenas que, más que sorpresa, invitan a la reflexión incómoda.
Al caer la tarde, bajo la imponente columnata de Bernini, es habitual encontrar a los pobres pernoctando en tiendas de campaña, con cartones o mantas, claramente con autorización vaticana. Y aquí surge la pregunta: ¿por qué ahí y no en un albergue dentro de los múltiples edificios que el Vaticano posee en Roma?
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No faltan recursos.
Es un hecho que la Santa Sede ofrece duchas, peluquería y otros servicios para estas personas. Pero, ¿por qué no dar un paso más? Esos edificios vaticanos, muchos de ellos vacíos o subutilizados,