Durante décadas, ciertos países europeos y otros actores intermedios del escenario internacional cultivaron una ilusión de centralidad diplomática que hoy resulta insostenible. Las declaraciones del Departamento de Estado estadounidense, al comentar la posible decisión del primer ministro británico Keir Starmer de reconocer al Estado palestino, pusieron fin, de forma brutal pero precisa, a ese teatro. Dijo que “tratan de aparecer relevantes”, y con esa frase cortó de raíz una farsa que hace tiempo necesitaba ser expuesta: muchos gobiernos occidentales ya no son protagonistas, sino comparsas que se esfuerzan por parecer lo que ya no son.
La idea de que países como el Reino Unido, Francia, España o incluso Alemania siguen siendo árbitros morales o políticos del orden internacional es una fi