Mucho antes de que existieran periódicos, radios o redes sociales, ya había un medio que dominaba todos los demás: el boca a boca. Su eficacia no dependía del mensaje, sino de la confianza en quien lo transmitía. En las tribus, esa credibilidad personal aseguraba que las historias y el conocimiento sobrevivieran en el tiempo. Ningún invento posterior –ni la imprenta ni la televisión ni el Internet– la ha superado.

A lo largo de la historia, la tecnología expandió las formas de comunicación. La escritura permitió guardar recuerdos más allá de la memoria oral. La imprenta multiplicó voces a través de libros y periódicos, y la radio y la televisión construyeron un escenario inédito: millones escuchando lo mismo al mismo tiempo. Surgieron así los medios masivos, un modelo extraño. La comunica

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