El episodio bochornoso en la comisión permanente del Congreso de la Unión, protagonizado por Noroña y Alito, ambos senadores, en donde el recinto legislativo se convirtió en una arena improvisada de lucha libre de la más baja categoría, me recordó los desmanes universitarios de los ochenta y noventa del siglo pasado, que afectaron profundamente a las universidades públicas en su calidad académica y prestigio. Hoy, afortunadamente, las universidades públicas ocupan un lugar de excelencia en los rankings nacionales e internacionales.
Sin embargo, el porrismo y la captura por grupos políticos de estas instituciones públicas es un riesgo permanente, que eventualmente pueden afectar su desempeño y afectar su imagen frente a la sociedad. Cuando una huelga o un paro universitario se extiende más