El nacimiento de un hijo o una hija suele ser un momento de gran alegría, pero en muchos casos esa experiencia se ve opacada por malos tratos o situaciones de violencia. Estos episodios pueden darse antes, durante o después del parto, o incluso durante una atención ginecológica de rutina —sin que haya un embarazo de por medio—, y se conocen como violencia gineco-obstétrica.

La nueva Ley Integral de Violencia Contra las Mujeres, promulgada en junio del año pasado, define la violencia gineco-obstétrica como “todo maltrato o agresión psicológica, física o sexual, negación injustificada o abuso que suceda en el marco de la atención de la salud sexual y reproductiva de la mujer, especialmente durante la atención de la gestación, preparto, parto, puerperio, aborto o urgencia ginecológica

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