La historia reciente de México quedará marcada por un engaño monumental: la promesa de transformación hecha por Morena. Este partido que se presentó como defensor de los pobres y justiciero frente a la corrupción terminó por mostrar un rostro oculto que combina violencia, saqueo y un afán desmedido de perpetuarse en el poder.
Morena no gobierna, se impone. No escucha al Pueblo, se sirve de él. Se reviste de discursos populistas mientras se roba el dinero público bajo la fachada de programas sociales, utilizados más como instrumentos electorales que como políticas de justicia. Los recursos que deberían aliviar la pobreza son desviados, administrados con opacidad o entregados discrecionalmente a cambio de lealtad política.
Las grandes promesas de Morena se han convertido en agravios. La vi