Hace años que Venezuela vive en el mismo loop: la resignación ante el control absoluto que exhibe el régimen se ve sacudida por la irrupción de algo nuevo, que genera una expectativa de quiebre, hasta que la crisis es reprimida —de forma cada vez más brutal— , el control vuelve a ser total y la resignación se impone otra vez. La última vez fue el 28 de julio de 2024, cuando Nicolás Maduro le arrebató de forma escandalosa la elección a Edmundo González Urrutia. Lo grotesco e indisimulado del fraude, acompañado de la desaparición de decenas de dirigentes opositores de primera línea, barrió con toda esperanza de transición.

Un año después, el ciclo vuelve a comenzar. Y parece la repetición de algo que ya se ha visto muchas veces. Por eso, las noticias se pierden entre tantas otras que trat

See Full Page