Alto, delgado, musculoso y monitor del gimnasio en el que entrena casi a diario Irene Rosales. Así es el hombre que la todavía esposa de Kiko Rivera en un restaurante de la localidad sevillana de Castilleja de la Cuesta.

Coach personal

le culpa en parte de su fracaso matrimonial porque piensa que en los últimos tiempos ejerce una influencia emocional, que no relación sentimental, en la madre de sus hijas.

Parece ser que, según se dice, el monitor es una especia de coach de autoayuda y podría haber estado asesorando a Irene sobre los desencuentros con Kiko. El es quien le ha abierto los ojos y, quizás, ayudado a dar el paso de la ruptura.

Pero habría que preguntarse si está íntima amistad está dando paso a algo más "estable". Cuando el otro día les pillaron juntos s e notaban las

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