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Un tiroteo escolar no deja marcas solo en paredes y pasillos. Deja heridas silenciosas en la mente de quienes lo viven, y también en quienes lo observan desde lejos. Lo ocurrido en la escuela católica de Minneapolis , y en tantas otras instituciones en Estados Unidos, no es un hecho aislado: es parte de una realidad que impacta de lleno en la salud emocional de niños y adolescentes.

El miedo que queda después

Para los estudiantes que estuvieron presentes, la experiencia puede convertirse en un recuerdo traumático.

El sonido de los disparos, la confusión, la sensación de peligro extremo: todo esto genera un estado de alerta constante. Muchos chicos desarrollan síntomas similares al trastorno de estrés postraumático (TEPT) : pesadillas, ansiedad, irritab

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