El presidente Donald Trump tiene plena confianza, o al menos es lo que dice, en la inversión que realizó en el Tribunal Supremo durante su primer mandato en la Casa Blanca.
Así que muestra una fe inquebrantable en que el alto tribunal de Estados Unidos, compuesto por seis jueces conservadores (tres nombrados por él) frente al trío de progresistas, enmendará el desafío del tribunal de apelación que se ha atrevido a declarar ilegales la gran mayoría de los mal llamados aranceles reciprocos, pieza clave en la agenda económica y la guerra comercial desatada por Trump.
Los gravámenes siguen vigentes. El tribunal de apelación, por siete votos a cuatro, consideró que Trump se extralimitó en su poder al invadir competencias otorgadas al Congreso por la Constitución. Fijó en el 14 de octubre la f