En la pantalla aparece un video. Silvestre Dangond tiene ochenta años y le están realizando una entrevista sobre su carrera artística. Una periodista le pregunta por qué nunca hizo ese álbum que había prometido que grabaría con ‘Juancho’ De La Espriella después de su separación. Entre lágrimas, el urumitero recuerda aquellas épocas de parrandas, de ‘kztas’, de festivales. Trata de explicar las razones, cabizbajo, mientras rememora los tiempos en los que ‘la unión de moda’ llevaba el vallenato por todo el país. En su nostalgia y su tristeza, de la nada, Silvestre despierta. Era una pesadilla.

Se encienden las luces. Detrás de la inmensa pantalla de 50 metros se ve el cantante y a su acordeonero. Empieza a sonar el clásico que siempre quisieron grabar. El estadio El Campín estalla en gritos

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