La Unión Europea (UE) enfrenta un momento crucial en su camino hacia la autonomía estratégica. Las decisiones que debe tomar son cada vez más urgentes, pero el proceso se ve obstaculizado por la necesidad de alcanzar acuerdos amplios y transversales. Sergio Príncipe Hermoso, doctor en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, señala que el principal problema de la UE es su timidez. "Debería creer más en su propio potencial para el futuro", afirma, y critica la hipocresía en muchos asuntos, subrayando que las decisiones deben llegar a la ciudadanía.
Príncipe destaca que la clave para que la UE se convierta en un líder global radica en un "cambio de conciencia y recuperar principios comunes". Esto se traduce en tres áreas fundamentales: las relaciones con China, la política interna, especialmente en temas de migración, y la postura de la UE hacia Rusia. En cuanto a Moscú, Príncipe advierte: "No vamos a ser nunca amigos, pero tampoco podemos ser siempre enemigos".
La defensa es un pilar esencial de esta autonomía estratégica. Sin embargo, la UE se encuentra en una trampa debido a su dependencia de la OTAN. A pesar de que se habla de un aumento del gasto en defensa, que podría alcanzar el 5% del PIB para 2035, esto podría significar una nueva dependencia de Estados Unidos. Los países europeos han cedido a la presión de la Casa Blanca, especialmente durante la administración de Donald Trump.
A pesar de estos desafíos, la UE ha lanzado el plan Rearmar Europa, impulsado por Ursula von der Leyen. Este plan busca movilizar hasta 800.000 millones de euros para 2030, combinando flexibilidad fiscal y un fondo de préstamos de 150.000 millones de euros para adquisiciones conjuntas de defensa. Se establece que al menos el 65% del equipamiento militar debe ser adquirido a empresas de la UE o de países aliados.
En 2024, los países de la UE destinarán aproximadamente 326.000 millones de euros a defensa, un aumento del 30% respecto a 2021. Daniel Gil, analista en The Political Room, sostiene que hay consenso sobre la necesidad de invertir más en defensa, pero la clave está en cómo se realiza esta inversión.
Francia, por ejemplo, vincula el gasto en defensa con la política industrial europea, mientras que otros países se centran en la operatividad de sus ejércitos. Esta divergencia refleja una brecha importante en la estrategia de defensa de la UE.
Además, la autonomía estratégica también implica entender las relaciones con Estados Unidos y China. La UE ha buscado evitar una guerra de aranceles con Washington, pero su relación sigue siendo frágil. Al mismo tiempo, Bruselas ha comenzado a mirar hacia China en busca de alternativas.
En el ámbito de las materias primas, la UE aprobó la Ley de Materias Primas Críticas en 2024, con el objetivo de reducir la dependencia de terceros países. Esta ley establece metas claras para 2030, como extraer al menos el 10% y procesar el 40% de las materias primas críticas dentro del territorio de la UE.
Con estas iniciativas, la UE busca fortalecer su autonomía estratégica en un contexto global cada vez más complejo.