A principios de los años setenta hubo quien quiso fundar una nueva dinastía franquista casando a una nieta del dictador con un Borbón, nieto de Alfonso XIII: la unión dinástica no prosperó. Supongo que esa ensoñación sucesoria reflejaba el deseo de las élites del régimen de perpetuarse en el poder a lo largo de varias generaciones. En eso el franquismo no se distinguía de otras dictaduras que, fueran nominalmente de izquierdas o de derechas, trataron también de retener el poder mediante la creación de nuevas dinastías. Fue el caso de los Duvalier, que gobernaron Haití entre 1957 y 1986, o el de los El Asad, dueños y señores de Siria durante medio siglo hasta que el año pasado fueron descabalgados del poder. Es todavía el caso de Corea del Norte, donde, después de casi ocho décadas, la terc
Shakespeare con guayabera, por Ignacio Martínez de Pisón

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