Muchas personas sienten que su vida se apaga sin remedio. La muerte de las gemelas Alice y Ellen Kessler, iconos del espectáculo europeo, ha reabierto el debate: ¿podemos decidir cuándo y cómo termina nuestra vida? A los 89 años, tras una existencia compartida dentro y fuera de los escenarios, optaron por un suicidio asistido en su casa de Grünwald, cerca de Munich. No hubo violencia, ni urgencia, ni soledad. Fue una decisión meditada y común, amparada en una legislación que, aunque restrictiva, permite en Alemania ciertas formas de ayuda al final de la vida.
No se trata de dos personas desesperadas en un gesto impulsivo, sino de un acto consciente que interpela a la sociedad. Hablamos de la fragilidad del cuerpo, el deterioro, la pérdida de control. Ellas escogieron despedirse juntas.
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