No es justicia sino ensañamiento. Argumentamos grandes ideales, pero, en el fondo, todo se reduce a la frustración de que nuestra vida es mediocre y fallida, una caricatura cruel de lo que nos creímos que sería. Lisa y llanamente, no soportamos ver cómo a otros les ha ido mejor. Que haya unos privilegiados que ganan más que nosotros, tienen envidiable vida sexual, notoriedad, quizás talento o sentido de la oportunidad, belleza, tipos y tipas que andan jactándose de sus experiencias poco comunes, que tienen mejores viviendas, mejores amantes, mejores maneras de vivir la vida, a todo volumen en redes y televisión.
Ser como ellos no está en nuestras manos. Pero sí desearles lo peor y maniobrar el nihilismo en esa dirección. Que el templo se nos derrumbe encima si es a cambio de ajusticiar, d

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