Nunca había visto a tanta gente fumando como si le fuera la vida en cada calada. Esos corros de nicotina, humo, nubes de váper de colores y charlas vacías, que los empresarios han llegado a valorar en restar de los salarios (no es tan mala idea) o de los periodos vacacionales nos han convertido a todos en expertos tabacaleros.
En lo que parece un remake de esos tiempos de instituto en que a quienes no fumábamos nos animaban a coro a intervenir en ese ejercicio de bocanadas absurdas y supuestamente letales (a pesar de esos casos de nicóticos perennes que, casi centenarios, presumen de no haberlo dejado nunca), las esquinas, portales y paradas de bus se han convertido en la mejor publicidad que el sector del fumar mata jamás habría podido maquinar.
Ahora sé que prefiero el tabaco rubio a

La Vanguardia España Opinión

Crooks and Liars
Daily Kos
Raw Story
House Digest
Bolavip Football
The Conversation
The Babylon Bee