Hace un año se murió un amigo mío. Hombre con carrera, jugador de fútbol internacional, padre de familia numerosa. Cuando yo estudiaba en Terrassa, vivía en un Colegio Mayor que estaba en Sarrià, en el mismo barrio donde vivía él.
Nunca fue ‘famosillo’. En el bar, explicaba con todo detalle un ‘saco’ de goles que le había metido me parece que el Athletic de Bilbao al Español (se escribía con ‘ñ’ entonces), equipo en el que él jugaba. Decía: “la consigna fue tranquilizarnos, no ponernos nerviosos. Para cuando nos tranquilizamos nos habían metido siete”.
Siempre le admiré como jugador. Años después, hice un trabajo en una empresa en el que él, ya retirado, era directivo y nos hicimos amigos.
Pasó el tiempo y coincidimos en una boda. Nos pusieron en la misma mesa. Mientras yo saludaba a su

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